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SAMUEL BECKETT: RUPTURA DE LO COTIDIANO
por Ulises Aguilar-Ezequiel Jáuregui
Toda la poética de Samuel Beckett pareciera postular que
en el perpetuo devenir, los pronombres intentan sostener su
existencia ante la muerte. ¿Invocar a la muerte cómo evasión
o cómo enfrentamiento? Si la evasión condujera al sujeto a
la invención de un mundo ficticio, en el cual el motivo central
fuese hacer pasar el tiempo, la única forma de construir el
mundo sería a través del lenguaje. (...) Aparentemente, la
construcción del sujeto -en Beckett- se construye sobre un
tiempo -presente- que es sustituido por dos anacronismos:
la espera hacia un porvenir y el deseo de recobrar el pasado.
Estas dos vías son las posibles formadoras del yo.
POEMAS DE SAMUEL BECKETT
bueno bueno hay un país
donde el olvido donde pesa el olvido
suavemente sobre los mundos innominados
allí callan la cabeza la cabeza es muda
y se sabe no no se sabe nada
el canto de las bocas muertas muere
en la playa ha hecho el viaje
no hay nada que llorar
mi soledad la conozco bueno la conozco mal
tengo tiempo es lo que me digo tengo tiempo
pero qué tiempo hueso hambriento el tiempo del perro
del cielo que palidece sin cesar mi grano de cielo
del rayo que asciende ocelado temblando
de las micras de los años oscuros
queréis que vaya de A a B no puedo
no puiedo salir estoy en un país sin huellas
sí sí es algo bueno lo que tenéis ahí algo bueno
qué es no me hagáis más preguntas
espiral polvo de instantes qué cosa es lo mismo
a calma el amor el odio la calma la calma
RODRIGO CUESTA
VII
El poema, ignota memoria de lo presentido, de lo sentido,
de lo que no es sino fría-luz-en-el-torrente.
Yo hablo, y lo dicho no es el poema. Apenas la pretensión
del poema, apenas el deseo de que los mancos críen alas y
los cojos naden en la espesura de la noche.
Se trata de eso, simplemente, de ir a tientas detrás de la
palabra que me nombre, detrás de la palabra que reviva este
alfabeto atenazado al corazón de lo que muere.
Yo hablo,
y las palabras me asesinan.
AYELÉN CORREA
El rito
Una moneda funde sus dos caras
para no dejarme entrar a su negra letanía de misterio.
En el centro
la madera arrulla el vegetal del fuego.
La energía de su canto
esmerila la geométrica medida de los signos.
Ya no brota el aura del ritual
porque las manos que arrojaron las sales
a la hoguera han olvidado el lugar donde se abre el dolor.
Entrego el tránsito tardío de mi sangre
a la esencia
del viento.
DANIEL CHIROM
La diáspora
Hacia los cuatro vientos,
el polvo del camino nos nubló la vista.
Descendimos
hasta volver.
Estamos en todas partes y no somos nadie,
sólo la noche nos rescata.
Nuestro horizonte es la cruz del sur
donde ojos entrecerrados
aún tocan música.
ROBERTO GLORIOSO
Aquellas alimañas
Aquellas alimañas
que despostan soles
entre matorrales
extravían su presa
a contrapelo del hambre
(a Juan Gelman)
JORGE CARROL
Tango flor
Una vez más no estás.
Una vez más tu abandono me llega por el Atlántico, entre islas
pobladas de espanto, donde el sol cabalga desnudo por las
piernas sublimes de la mar.
Una vez más tu ausencia me crece hasta ahogarme.
¿Qué poro de España haces flor?
¿Dónde nos encontraremos azules e infinitos?
Sos una vez más, como aquellos tangos rantifusos de la adolescencia,
donde las minas diqueras bancaban el abandono en silencio.
Sos una vez más y como siempre, una ilusión y mi fracaso.
POESIA DE ECUADOR
CARLOS EDUARDO JARAMILLO
Víspera del hombre que llegó a ser ángel
Para salvarse del sufrimiento
se abstuvo de amar
de cometer yerros
tentó llegar a la santidad
y a la sabiduría
por el camino de la rectitud
y la pureza.
Se vio en los ojos de los demás
era bello y terrible
como un arcángel.
Alguien debió llorar
por él
la víspera de su caída
SONIA MANZANO
Full de reinas
Por la simple fricción de las palabras
se llega al éxtasis.
En ésta, mi primera relación con el texto,
textualmente me revuelco en el lenguaje.
Entreabro los labios para decir "esta boca es mía",
pero no sé si soy yo la que por esta boca está hablando.
No importa que nadie me recuerde en este último día
tan parecido al siguiente.
Algo que no es la rosa de otros días
fluye entre los muslos,
desangra para siempre entre los labios
la rosa que no vuelve.
ENTREVISTA A PAULINA VINDERMAN:
"EL POEMA ES UN RELAMPAGO DE PERCEPCION"
¿Cómo surge el poema o, mejor dicho, que la decide a escribirlo?
Raúl Gustavo Aguirre decía que uno no se sienta a escribir
poesía sino que la poesía lo sienta a uno. Creo que la frase
sigue siendo válida. Pero a lo largo de la vida uno hace de
su arte un oficio (parafraseando a Dylan Thomas) y aprende
a buscar la poesía en los lugares donde solía encontrarla.
Es como una persecusión de una novela policial: se vuelve
al lugar del crimen porque se dejaron olvidados un papel,
los guantes, y se sabe donde hallarlos. Puede ser un libro,
una música, una caminata. Se requiere estar alerta, al acecho
e infinita paciencia.
¿Entiende a la poesía como la historia de nuestras vidas?
Siempre es la historia de nuestras vidas, aunque lo sea
de manera tangencial. Aún cuando se pretenda escapar de ella.
La poesía nunca vive fuera de la historia. En su expedición
al origen, siempre encuentra la respiración (o las respiraciones)
de la época.
¿Y la realidad cómo juega?
Como una pared que se corre, como un imposible de asir, como
un desafío. "El arte no reproduce lo visible, lo hace visible",
dijo Paul Klee. La poesía es mi intento obstinado de comprender
el mundo, de descorrer las cortinas, de iluminar los rincones
oscuros, de atravesar las fronteras opacas de lo desconocido.
El arte es un artificio (valga el juego) para acercarse a
la realidad.
¿Cuándo empezó su viaje con la poesía?
A los ocho años escribía cuentos, creía que iba a ser narradora.
A los diez apareció ese poema que parece salir de la nada,
escrito por otro. Se llamaba "El perro vagabundo" y sentí
que en ese boceto de poema había una intensidad que no estaba
en los cuentos. Encontré en la poesía un camino difícil y
maravilloso: un relámpago, un relámpago de percepción.
POEMA DE PAULINA VINDERMAN
Este verano se parece a un pueblo todavía humeante
después de un bombardeo.
Del otro lado del río, en la bruma, un bote
está listo para llevarme a la frontera.
Si la metáfora suena dramática, es para proteger
esta ausencia sin brillo, el riesgo de una soledad en sordina
y a repetición.
Las heroínas no huyen del calor
ni de los muñecos quemados entre los escombros.
Hay que llegar (del otro lado), y escribir.
Y escribir es despojarme página por página
de un nombre anotado demasiada vida.
Amo este balanceo en la nada,
los recuerdos como linternas en la noche
que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.
Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,
casi reverente.
¿Hay alguien ahí?
No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo
y yo soy el mundo.
Un galpón atestado de maniquíes de vidrio
para verles, de lejos y cerca, los hilos de la repetición.
GELMAN, EN EL CORAZON DE LA PALABRA
por Pablo Montanaro
La obra poética de Juan Gelman está conformada por ciertos
ejes que interactúan, multiplicando sus alcances. La realidad,
la verdad y la belleza son los puntos cruciales de un estilo
que se inicia justamente con la marca de la cotidianidad conjugada
como realidad: la mirada hacia la ciudad, los gestos y actitudes
de lo humano, los oficios terrestres, la escritura, los asuntos
desencadenantes de lo social y político.
Los fieles lectores de Juan Gelman sabemos que lo que vendrá
de su poesía estará siempre signado a la búsqueda de lo esencial,
tratando de hacer conjugar las circunstancias exteriores con
las del corazón, como requería Paul Eluard.
PALABRA, SER IMAGEN
por Nora Didier de Iungman
El poeta escucha las voces del ser y las transfigura a través
del lenguaje; más que ello, muestra el estado de transfiguración
de la naturaleza; da a las palabras una virtud muy allegada
a la magia. El se halla situado en el fondo que lleva de la
sensibilidad a la sensibilidad. Si la poesía conduce a una
zona sagrada, un todo que tiene de por sí un poder de magia
y encantamiento, su lenguaje es totalitario, es decir, abarcador,
y se otorga una razón absoluta. La palabra poética adquiere
su propia identidad gracias a una voluntad creadora que le
arrima su cabal espacio semántico y su valiosa intensidad.
El poema no "habla" sobre el mundo, no "dice", sino que se
equipara al mundo porque expresa "su hacerse constante", revelación
de la existencia en movimiento. El poeta, en su libertad,
convoca las palabras, las muda en la viva percepción de imágenes,
de sugerencias, de zonas veladas. Su núcleo de significaciones
se corresponde a un lenguaje de símbolos que necesitan ser
desentrañados y sus ojos están muy abiertos, son conocedores
de la intimidad del mundo: el creador ve la vida en toda su
amplitud porque desconoce la visión estrecha.
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